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El arte eterniza el presente, el arte vence al pasado, y al vencer a la muerte perpetúa nuestros momentos, argumenta Carlos Fuentes en su obra “En esto creo”. (1)

 

Lectura de Obra

Proyecto “Retrato de una Presidenta”

de Andrés Ovalle

 

 

El arte se constituye en figura retórica cuando alude e ilusiona con certezas, las que no son tales sino que son posibilidades de ser. Aludir – alludere; jugar con. Ilusión – illudere; engañar.

 

Andrés Ovalle como buen demiurgo y pontífice de este proyecto “Retrato de una Presidenta”, juega y engaña nuestras expectativas, reelabora esas imágenes recónditas y escondidas que se encuentran entre nuestros deseos de ver y conocer lo que se nos ha ocultado. Eso que se nos cierra porque no podemos estar allí para verlo, pero, sabemos que nos pertenece porque con eso mismo nos identificamos. 

 

¿Es Michelle Bachelet la representada?, ¿porqué el artista desde inmemoriales tiempos, ha publicado la imagen de alguien – quien ya – suponemos pública?. ¿Será acaso por la fascinación, el boato y lo de clausurado y oscuro que tiene el poder?, ¿será acaso por la necesidad del propio poder de representarse a sí mismo, de encarnar y concretar en una imagen sincrética todo aquello que pende del poder y del poderoso?.

 

Cuando Francisco de Goya retrata a las familias y a los notables de la ilustración española; los Carlos, la duquesa de Alba, a Godoy “Príncipe de la Paz” y a Jovellanos “el patricio”, no hace sino instalar en el imaginario ciertos conceptos abstractos que esos señorones representaban para el pueblo. Goya manifiesta su aparecer de lo bello y lo instala.

 

El aragonés instala e introduce también la visión del pueblo en las cortes españolas de su tiempo. Así entonces nos provee un viaje de ida y de vuelta: el pueblo percibe a sus soberanos y el pueblo se introduce en el mundo de los soberanos.

 

Esta condición de instalar e introducirse está presente en esta exposición, ni desenfadada ni enfadada muestra pictórica de Andrés Ovalle, pintor que eterniza el presente al dotarnos de una imagen que presentiza “lo bello”, esto al abrir un espacio de observación a la belleza oscura del poder. Como artista al proponer un mirar da luz, Carlos Fuentes nos dice: “no hay belleza sin mirada”. (1)

 

Y, como siempre nos ocurre con este artista – diseñador, ocurre que nos pone frente a un proyecto pautado y largamente meditado. El creador ha efectuado un seguimiento pictórico de la figura e imagen del poder, en la persona de la Presidenta de la República. Es un trabajo que se inicia en 2006, cuando comenzaba el mandato de la primera mujer presidente de Chile, ¡un hito en Latinoamérica!.

 

Un país que salta al mundo en “manos de mujer”, y un período presidencial que se cierra pictóricamente en esta exposición de la Sala Viña del Mar. Ovalle nos provee un umbral, mas no una clausura, porque la revolución cultural siempre queda abierta, y por añadidura su correlato pictórico, “El Retrato de una Presidenta”.

 

Retrato que es una resignificación del poder pretendido fisgoneado por Ovalle. Pero ¿qué ve Ovalle?. Introduce e instala al pueblo en un diálogo de cara con la presidenta y sus significaciones asociadas. Es la mirada intrusa pero prudente a la vez, que se introduce en su habitación, pero que no se mete entre sus sábanas, que la mira comiendo cazuela pero que no mete la cuchara en el plato, que respeta y a la vez presenta el dolor del pasado violento.

 

Todas las obras son alusiones, el pintor fisgón nos permite a nosotros los lectores de obra, venir en declarar el voyeur que llevamos dentro. Recuerdo la película “La Reina” de Stephen Frears, con Helen Mirren en el rol estelar. ¡Qué bien nos sentimos cuando vimos el color de las sábanas de Isabel II, habíamos tocado el poder!. Damos a lo falso apariencia de verdadero, es la capacidad del arte de aludir e ilusionar acercándonos no a lo verdadero sino que a la verdad.

 

Pero Andrés Ovalle solamente nos introduce, debemos ser nosotros mismos quienes veamos más allá, en un acto un tanto desacralizador.  Este proyecto se caracteriza por cierta prudencia plástica del artista, la que viene dada porque trabajó un proyecto, es decir, desde la idea a la obra-cuadro, mediando el control de variables porque la constante siempre fue exponer, instalar e introducir, lo otro es tarea del lector.

 

Exponer los intersticios del concepto del poder: oro, flama y penurias.

 

Instalar en el imaginario una mirada íntima a la presidencia, asomándonos al misterio.

 

Introducir al pueblo y sus gentes en los ámbitos privados de los hombres y mujeres públicos.

 

En esta exposición pública que publica una historia de una persona pública, no hay desenfado ni hay enfado, al contrario toda la serie declara en su discurso un pudor confesado, e igualmente se concertan la reflexión serena con una cierta dosis de humor y deseos de buenaventura. Sí, porque a nuestro Chile presidencialista le aviene y conviene que a su primer ciudadano le “vaya bien”. Son estas obras una mirada episódica a lo que como nación hemos vivido en estos cuatro años de gobernanza bacheletista.

 

Episodios que diseccionan la juventud y primeros tiempos de Michelle, y que luego se vuelven escenas del espacio habitado por la mandataria terciada con la banda del Estado. El tratamiento de este lugar, el que se nutre del aura del poder, aura que tiñe todo lo que un presidente, toca, dice o hace. Su ducha es la ducha presidencial, la cazuela es la cazuela presidencial. Aquí encuentran sentido los protocolos regios instaurados por el rey sol, allá en la vieja Francia.

 

Nada de lo que hace, o lo que deja de hacer un presidente como hombre público es inocente. Ovalle nos introduce en las intimidades con prudencia y ya decíamos con una cuota de humor, dejándonos en espacios oníricos donde el presente y el pasado se confunden. Símbolos históricos, añoranzas de historia oficial subvertida, el libertador pelirrojo y el progresista de izquierdas respectivamente, son acaso ¿los fantasmas de la Presidente?.

 

Espacios y lugares texturados, siempre teñidos de tiempo pasado y tiempo presente, la anécdota que afecta al hombre público, el trazado de las ciudades, el sube y baja por las escaleras y rellanos de La Moneda, la pieza dormitorio donde el hombre público puebla sus días y sus noches con sus fantasmas y fantasías que inoculan sus deseos de mejor y concreta gobernanza.

 

¡Cuánto de deseos insatisfechos pululan en torno a la cama de un gobernante!. En ese lugar el hombre público se refugia en su mayor intimidad, nada debe demostrar sólo debe mostrarse a sí mismo, igual le ocurre en la rutina del aseo personal, momento muchas veces de luz creadora, ese azar productivo que asoma en el distraimiento.

 

La obra “El Taller del Artista” merece especial atención. Claramente es un revival, una resignificación de obra instalada en la historia del arte, la primera mención G. Courbet, luego A. M. Esquivel.

 

Taller de Artista declama y cierra el proyecto “Retrato de una Presidenta”. Viene a ser una democrática y quizás populosa reafirmación del “yo” (Ortega), donde los conocidos se encuentran, se miran y celebran su pertenencia al “Club del retratado”. Allí están, allí estamos, somos, pertenecemos, hemos llegado como fisgones, nos posicionamos de nuestro rol de vouyeur, el pueblo ha alcanzado a tocar el aura del poder, donde la Presidenta es su musa inspiradora, pero a su vez viene a ser también una modelo estatuaria estática, y a la vez en proceso de construcción pictórica.

 

En la serie Retrato de una Presidenta, Michelle aparece inmaterializada, su cuerpo pictórico se evanesce en pigmentos que no alcanzan la condición de carne y su mirar no nos mira. El artista aunque nos la acerca e intenta que intimemos con ella desde el tema y la narración compositiva, nos la aleja por la propia condición pictórica utilizada (pincelada, textura, estilo). Así entonces Michelle trasciende, se nos aleja como la mandataria que es. Cuando modela en el “salón rojo con impluvium y bambalinas” está con nosotros, pero como todo modelo es plenamente inalcanzable.

 

Esto caracteriza toda la muestra de Andrés, la serie expuesta congela, retiene la mirada y el momento, instalándonos en un presente meditativo, contribuye a ello la manera plástica como trata las imágenes con pasajes de color en calculada degradación, y volúmenes que se componen a sí mismos en un fondo de espacios inmanentemente vacuos.

 

Como en Goya el viaje es de ida y de vuelta, el pueblo conoce a su soberano de la mano del pintor, y por la mano del pintor sube y se instala junto al soberano. Coexisten mas no bien conviven, pero por lo menos un espacio los cobija, el atellier de Ovalle los arropa y contiene. Y he aquí otra impronta, el artista en la más pura tradición histórico artística se instala en la obra, él es centro y mirada conducente hacia el poder que viene con “mano de mujer”. El artista en su rol de pontífice y demiurgo, vincula lo distante, a los hombres y los dioses, transmutado en ciudadanos y presidente, todos mirando hacia el centro (salvo el pintor) pero el centro centro está en construcción, todavía no llegamos, acaso ¿es un imposible?.

 

Parece que como sociedad nos urge confluir en miradas conducentes, debemos buscar todavía más y más el encuentro, encuentro que nos admita participar de la sinfonía concertada de la vida de una nación, … por ahora algunos miramos desde fuera.

 

Esta tela nos permite pensar en posibilidades de ser, eternizando nuestro presente pero dándonos la posibilidad de pensar en un futuro común, y Ovalle se las arregla para seducirnos con esa parcela de humor, invitándonos en torno al pretexto del Presidente y del poder a mirar no sólo el centro de una tela sino que el centro de algo que va más allá de la tela misma, nuestro espacio común.

 

Juan G. Ayala.

Crítico de Artes Visuales

 

(1) “En esto creo”, Seix Barral, 2002, Buenos Aires.

2 Comments

  1. la frase en esto creo, encierra el total de la belleza de las telas , la fascinacion que nos recuerda ese poder , abstracto transformado en mujer, en belleza simple en lectura transparente de lo que comunica, me parece un preciosos proyecto , lleno de talento y magia

  2. muy interesante tu obra, llena de elementos que ilustran un acontecer en particular.
    admiro tu trabajo


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